Presentación de la recuperación de la estampa original del Muy Antiguo y Milagroso Jesús de las Tres Caídas

Presentación de la recuperación de la estampa original del Muy Antiguo y Milagroso Jesús de las Tres Caídas. Triduo de la festividad de Cristo Rey 2025.

Por Dr. D. Antonio Martín Rubio. Hermano Mayor

Desde el comienzo del cristianismo, la cruz ha sido uno de los grandes símbolos y así lo ha plasmado la historia del arte por medio de distintas representaciones. El beato Santiago de la Vorágine, dominico y obispo de Génova a finales del siglo XIII, señaló que la cruz antes de la Pasión connotaba vileza, aridez, ignorancia, tenebrosidad, muerte y hedor (…), después de la muerte de Cristo sobre el leño «quedó sumamente ennoblecida, magníficamente exaltada, y sus connotaciones se modificaron tan radicalmente que la vileza de antes se trocó en preciosidad» (Martín García, 2004; de la Vorágine 1982 [1290ca]). No extraña, por tanto, que desde muy pronto se convirtiese en uno de los elementos más expresivos de esa tradición religiosa, frecuentemente traducida en formas y manifestaciones artísticas de toda naturaleza. La cruz, amén de ser un símbolo religioso y espiritual, era un símbolo de legitimidad histórica y social. Así las cosas, a partir de 1492, en Granada se levantaron cruces en lugares como expresión de la fe y de la religiosidad, pero también como redefinición del espacio político. Por esto, las cruces de Granada «están colocadas en lugares de situación estratégica y son fuente de poéticas tradiciones que corresponden unas veces a hechos significativos de la Historia y otras, simplemente, a una manifestación de la fe cristiana de aquellos que las levantaron» (Martín García, 2004; Prieto Moreno y Bigador, 1935). En este proceso madurativo de la fe y de consolidación de la religiosidad popular, se erige en Granada alrededor de la década de los 40 del siglo XVI la Hermandad de la Vera Cruz. Aunque, posiblemente, la devoción a la Santa Cruz tuvo sus adeptos desde el reinado de los Reyes Católicos en los primeros cenobios franciscanos: primero en el de la Alhambra y más tarde en la Casa Grande. Pese al generalizado influjo franciscano sobre la devoción de la Vera Cruz, la hermandad granadina surge como asociación de fieles con sede en un pequeño hospital contiguo a la parroquia de la Magdalena, ubicada en la calle mesones. Años más tarde, en la década de 1560 la hermandad se trasladará al Convento de San Francisco Casa Grande, donde compartirá sede con la Venerable Hermandad de Jesús Nazareno con el título de las Tres Caídas cuando se funde en 1680. La vinculación de ambas corporaciones se evidenció aún más cuando la hermandad del Señor de las Tres Caídas realizó su estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo de 1791 con cuatro pasos, entre ellos la Santa Cruz. En 2025 la vinculación de nuestra hermandad con la devoción de la Santa Cruz es una realidad indisociable tanto por la vinculación histórica como por nuestra erección canónica en la iglesia conventual de San Cruz la Real. Por esta razón, la hermandad se une a la devoción de la Vera Cruz por medio del diálogo que la nueva cruz del Señor nos manifiesta en sus cartelas.

SIMBOLOGÍA DE DE LA CRUZ

Hoy presentamos este nuevo bien patrimonial que viene a recuperar la estampa original del Muy Antiguo y Milagroso Señor de las Tres Caídas que, además de recoger iconográficamente la tradición de la orden dominica y franciscana —vinculada a la veneración de la Santa Cruz—, expresa los símbolos de la Pasión. La cruz respeta fidedignamente el dibujo del leño original de nuestro Titular aunque en cada cara podemos leer el diálogo que acabo de señalar: La cara externa viene a presentar nuestra relación como comunidad de creyentes con la Santa Iglesia, por ello, es la cara más visible. De arriba abajo, en el primer óvalo observamos el jarrón con tres azucenas, icono de la Pureza de María, y símbolo de la Catedral de nuestra Archidiócesis, consagrada la Encarnación de la Virgen María. En óvalo central, aparece el emblema del Ave María en el que se entrelaza un Rosario. Con esta representación queremos acoger en la cruz la devoción al Santísimo Rosario, advocación de nuestra Titular Mariana. En el tercer óvalo hacia abajo, aparecen una custodia y un báculo, tributos de Santa Clara, fundadora de la segunda orden franciscana. En el siguiente, observamos una cesta llena de pan y flores, símbolos iconográficos de Santa Isabel de Hungría, a quien está consagrado este monasterio de Santa Isabel la Real, lugar en el que con primoroso cuidado permanece nuestro Señor. De esta manera cumplimos nuestro deseo de que la comunidad de hermanas clarisas esté presente en nuestro cultos y actos. Le sigue en forma de grabado el abrazo de San Francisco y Santo Domingo, símbolo de la unión de la hermandad con las dos órdenes. En los dos últimos óvalos quedan representados la Santa Cruz que preside el tabernáculo de nuestra Sede Canónica y Santa Escolástica, titular de la parroquia, mediante el báculo y un libro, tributos con los que se representa tradicionalmente a la santa. Finalmente, en los brazos de la cruz aparecen representados los santos San Francisco y Santo Domingo mediante el abrazo franciscano y el perro con la antorcha respectivamente. En la cara interna de la cruz, hemos querido plasmar los símbolos de la pasión como metáfora de intimidad y el recogimiento que implica la oración y la contemplación de estos misterios. En el mismo orden que en la cara anterior, adivinamos el acrónimo de IESUS NAZARENUS REX IUDAEORUM, el conocido INRI. En esta ocasión, en el centro de la cruz está representado el Santo Rostro, plasmado en el paño de la Verónica como reza la VI estación del Viacrucis. Le sigue el hisopo con la esponja con la que se le ofreció agua y vinagre a Jesús, y la lanza con la que Longinos atravesó su costado. Abajo, en el cuarto óvalo aparece la columna donde fue azotado y el gallo como símbolo del anuncio de la pasión. Además, con esta representación hemos querido acoger a nuestra querida hermandad vecina de Jesús del Perdón y María Santísima de la Aurora. Le sigue un grabado de nuestra Señora de las Angustias, patrona de la Archidiócesis, con la iconografía clásica del siglo XVIII. En el penúltimo óvalo aparece la palangana y la jarra del lavatorio de pies. Finalmente cierra este travesaño vertical el tenebrario, esto es un candelabro triangular de quince velas que se iba apagando progresivamente durante el Oficio de tinieblas, ceremonia litúrgica que se llevaba a cabo a partir de la tarde del Miércoles Santo, día en el que nuestra corporación realiza estación de penitencia. En el madero horizontal descubrimos la caña con las tenazas y la corona de espinas junto a los clavos. Con la presentación de la cruz, esta Junta de Gobierno cumple de nuevo con otro de los objetivos relacionados con el enriquecimiento del patrimonio artístico y de culto de la hermandad. Además, con la presentación de esta estampa, Granada recupera la histórica imagen del Muy Antiguo y Milagroso Señor de las Tres Caídas, cargado de una cruz de madera pintada —propia del barroco granadino—, de líneas rectas y cartelas dibujadas. Con esta obra, la hermandad se suma a la recuperación de la estética granadina perceptible en otros nazarenos de la capital o de los pueblos de Vega. Es una reivindicación histórica, pues no solo se trata de rescatar la imagen sino el sentimiento religioso de Granada, cargado de una fuerte idiosincrasia representativa cuyo único fin era el de crear una catarsis devocional.

Sin más dilación, quiero aprovechar estas líneas para agradecer a Alberto Olmedo quien ha realizado esta magnífica obra en la que se conjuga el valor patrimonial, la tradición y la catequesis de la Iglesia. Y una vez más, agradezco la buena disposición de los miembros de Junta para afrontar los nuevos retos que como hermandad afrontamos. Deseo con el mejor de mis ánimos que estos días de triduo en torno a Jesús de la Tres Caídas por la Festividad de Cristo Rey sean fructíferos y que la contemplación de su efigie cargada de la cruz sea motivación suficiente para entender que nuestra salvación se debe a la inmolación del cordero sobre ella. La cruz, como refirió una vez nuestro querido delegado de hermandades, José Gabriel, es el mayor símbolo del amor de Dios.

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