Queridos hermanos y devotos:
Es un inmenso honor y una gran responsabilidad dirigirme a vosotros como vuestro Hermano Mayor a través de este medio. Siento una profunda gratitud por la confianza depositada en mí.
Quiero reafirmar mi voluntad de servicio: velaré por nuestros Titulares para la mayor Gloria de Dios, pero también está en mi ánimo reforzar los vínculos que por el Bautismo nos vienen dados como hermanos. Es mi intención consolidar relaciones responsables porque, como ya he señalado en alguna ocasión, creo en una hermandad como testigo vivo del Evangelio y por esta razón es importante subrayar las palabras hermano, servicio y amor.
Mi labor, y la de toda la Junta de Gobierno, está centrada en el enriquecimiento del patrimonio humano, en el que entran en juego la formación cristiana, la incentivación de las actividades caritativas y la vida de hermandad, con el fin de promover la unidad, la concordia y la participación activa de todos los hermanos, especialmente de nuestros jóvenes, para asegurar la continuidad y la vitalidad de nuestra hermandad.
Os pido vuestra colaboración en medida de vuestras posibilidades. Quedan cuatro años de trabajo, dedicación, celebraciones y un centenario que auspicio exquisito, soberbio y con una fuerte actividad caritativa y cultural, pero para llevarlo a cabo es obligación de todos unirnos y remar a una misma dirección porque «así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos».
Sin más dilación, recibid un abrazo fraternal en el Muy Antiguo y Milagroso Señor de las Tres Caídas y en Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos.
Antonio Martín-Rubio
Hermano Mayor